Last Updated on December 6, 2016
El altiplano de Wirikuta es un territorio biológicamente muy rico, en el está presente el 80% de las aves de todo el desierto chihuahuense, más de la mitad de los mamíferos y más de la mitad de las especies de flora reportadas, sin embargo solo abarca el 0.3% de la superficie de esta vasta zona semidesértica.
Es un lugar donde se concentra una riqueza cultural como pocos lugares en el mundo, es el principal sitio de peregrinación del pueblo Wixárika, ya en su cosmovisión, ahí se origina el mundo y el conocimiento que les da identidad como pueblo originario, también es un lugar donde confluyen millones de peregrinos católicos que visitan a San Francisco de Asís en Real de Catorce, así como miles de turistas de diversas partes del mundo que visitan Wirikuta para conocer sus paradisíacos paisajes y para encontrar espacios de introspección y crecimiento emocional y espiritual.
Hoy más que nunca el altiplano de Wirikuta está en peligro, para el gobierno este espacio sagrado tiene vocación de depósito de residuos tóxicos y es capaz de devastarlo y saquear las mineralizaciones de oro, plata y antimonio a costa de la destrucción del entorno natural y cultural.
El “II Foro a Altiplano Wirikuta, Desierto Agredido”, que tuvo lugar en la cabecera municipal de Cedral el 30 de noviembre, y en el que confluyeron las voces campesinas que resisten ante la amenaza de la devastación de las empresas mineras agroindustriales y proyectos de vertederos de residuos tóxicos, así como comisionados del pueblo Wixárika y la comunidad científica, es un foro promovido y facilitado por el Comité en Defensa del Agua de Catorce, el Comité en Defensa de la vida de Santo Domingo y municipios circunvecinos, El Grupo de Acción por el Agua y la Vida de Guadalcazar, la Pastoral Social de la diócesis de Matehuala, la Asociación Jalisciense de Apoyo a Grupos indígenas y la Red Temática de Patrimonio Biocultural del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Tunuary Roberto Chávez es un ingeniero en recursos naturales y asesor técnico a la coalición de grupos trabajando para proteger el desierto.
Across the world right now, Indigenous peoples are facing a renewed assault on their lands, rights, and ways of life.
From extractive industries pushing deeper into ancestral territories, to governments rolling back hard-won protections,
the threat is global—and it is growing.
What makes this moment especially dangerous is how little attention it receives.
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